Zaragoza, del 15 de mayo de 2012 al 18 de mayo de 2012
SOCIEDAD ESPAÑOLA DE REUMATOLOGÍA
C/ Marqués del Duero, 5 – 1ª planta
28001 Madrid
Tel: 91 576 77 99 - 902 19 31 02
Fax: 91 578 11 33
e-mail: ser@ser.es
Desde su incursión en la historia, Zaragoza, la Augusta, la ciudad blanca, la flanqueada por leones, la “inmortal, noble y heroica” ha sido un caleidoscopio de caminos, de pueblos, de pensadores y de culturas en cuya diversidad han florecido las artes y las ciencias manteniendo el siempre difícil equilibrio entre la tradición y el progreso.
En el año 14 A.C. la colonia Caesar Augusta fue fundada sobre la ciudad ya romanizada de Salduie. Con la anexión oficial a la República Romana y a lo largo de tres siglos crecieron su cardo y su decúmeno, su puerto fluvial, sus termas, sus cloacas, su teatro, su foro, sus puertas y sus murallas. Con la decadencia del Imperio, Cesaracosta, se convirtió en ciudad Visigoda anexada al reino de Tolosa y en el año 714 fue tomada por Muza ibn Nusayr. Se convirtió entonces en Medina Albaida, la ciudad blanca y, entre los años 1018 y 1110 fue capital de la taifa independiente de Saraqusta en la que se congregaron poetas y científicos y se ampliaron las estancias del palacio de la Aljafería -hoy utilizado por las Cortes de Aragón-, mientras se mantenían vigentes cultos cristianos.
En 1118 Alfonso I “El batallador” entra en Çaragoça y la figura del mozárabe es sustituida por la del mudejar, generando un rico estilo artístico de arquitrabes y baldosas que todavía puede apreciarse en las torres de la Catedral de La Seo, de la Iglesia de La Magdalena o en la de San Pablo. Con los Reyes Católicos esta diversidad desaparece, así como el impulso mercantil dado por el pueblo judío, pero en 1542 Carlos I autoriza el levantamiento de la Universidad de Zaragoza y el S. XVI es de gran desarrollo y de esplendor cultural y artístico renacentista. Así puede verse en los palacios del Coso, en gran parte destruidos por los Sitios de Zaragoza en 1808 y por el desarrollismo decimonónico, que también dio al traste con algunos de los emblemas de la ciudad, como la Torre Nueva cuya sombra se aprecia en la Plaza San Felipe.
Desde el S.XVII, Zaragoza se ha consagrado como espacio de peregrinación gracias a la Basílica del Pilar, que lucha por la hegemonía religiosa frente a la Catedral de La Seo, y en el S.XIX conoce la asombrosa recuperación moral en sus habitantes que, sobre las ruinas de una ciudad devastada, generan mitos de resistencia civil, personificados en Agustina de Aragón. Mientras tanto, el industrialismo recoge el legado de grandes obras como el Canal Imperial de Aragón. Crecen las harineras, las azucareras, los regadíos y las curtidurías en los arrabales, de forma paralela al Mercado Central, al tranvía o a los círculos regeneracionistas del Casino Mercantil en el núcleo de la vida urbana. Herencias todas ellas que recibirá el Siglo XX entre el bullicio, el entusiasmo, la censura, el inmovilismo y el desarrollo inmobiliario.
Con esta rica historia, Zaragoza ha sido cuna de filósofos y de cronistas como Avempace, Jerónimo de Blancas o Jerónimo Zurita y patria chica de grandes científicos como Santiago Ramón y Cajal; de artistas como Goya, Pablo Gargallo o Pablo Serrano; de matemáticos como el judío Ezra; de músicos como el Tenor Fleta, Pilar Bayona o Labordeta; de filólogos como María Moliner; de libertadores como José Martí; de cineastas como Buñuel; de juristas como Braulio Foz; de pensadores como Joaquín Costa, y de escritores como Baltasar Gracián, Benjamín Jarnés o Ramón J. Sender, por nombrar tan solo algunos de los personajes que junto con muchos otros han quedado en la memoria de sus calles y de sus gentes.
En los últimos años, los zaragozanos nos hemos volcado a la recuperación de nuestro patrimonio y, además, ha habido una modernización progresiva de la ciudad, que se ha convertido en referencia para asuntos medioambientales, en centro de comunicaciones y almacenaje, en ciudad de congresos, de ocio y en símbolo de riqueza gastronómica, artística y musical.
Es un honor recibir en Zaragoza el 38º Congreso Nacional de la SER y acogerte para pasar estos días de trabajo y encuentro. La ciudad que se perdió fue fruto de la barbarie y de la ignorancia. Nuestro patrimonio actual es la consecuencia de los siglos de convivencia de culturas, del respeto, del esfuerzo, de la tolerancia y de la libertad. Ésta es la ciudad que te recibe con los brazos abiertos y la que se proyecta como capital innovadora en un mundo global. ¡Siéntete en tu casa! ¡Bienvenido!.
Dra. Concha Delgado Beltrán
Presidenta del Comité Organizador Local
38º Congreso Nacional de la SER
© Sociedad Española de Reumatología. Todos los derechos reservados.