La Sociedad Española de Reumatología pone el foco en las terapias avanzadas en autoinmunidad.
La terapia CAR-T, conocida por su impacto en el tratamiento de determinados cánceres hematológicos, comienza a mostrar resultados prometedores en enfermedades autoinmunes graves como el lupus eritematoso sistémico (LES). Además, se está investigando en esclerosis sistémica, miopatías inflamatorias, miastenia gravis y, en fases más iniciales, también se analiza su posible utilidad en artritis reumatoide. Asimismo, los datos preliminares presentados en congresos científicos internacionales durante los dos últimos años refuerzan su potencial en pacientes con enfermedad refractaria. “El concepto es profundamente innovador en autoinmunidad. No se trata simplemente de suprimir el sistema inmunitario, sino de reiniciarlo, lo que supone un cambio de paradigma”, ha destacado la Dra. Josefina Cortés, reumatóloga del Hospital Universitario Vall d’Hebron (Barcelona).
En el marco del 11º Simposio de Enfermedades Autoinmunes Sistémicas (EAS) de la Sociedad Española de Reumatología diversos especialistas analizaron los avances más recientes en este campo. En opinión de la Dra. Cortés, los resultados son “alentadores, pero tempranos. Las remisiones descritas son reales, pero necesitan confirmación”. Además, en el caso de enfermedades reumáticas autoinmunes, -ha puntualizado- “hoy por hoy, no es para todas las personas que tienen lupus, sino para LES grave, refractario y con alta carga de tratamiento”.
¿Por qué puede funcionar en lupus?
La terapia CAR-T (Chimeric Antigen Receptor T-Cell) es un tratamiento en el que se extraen linfocitos T del propio paciente, se modifican genéticamente en laboratorio, se expanden y posteriormente se reinfunden tras un acondicionamiento con quimioterapia a dosis bajas o moderadas. Una vez en el organismo, estas células modificadas pueden expandirse y provocar una depleción (pérdida o disminución) profunda de células B, responsables en gran medida de la producción de autoanticuerpos y de la activación inflamatoria en el lupus.
“En determinados pacientes, esta estrategia ha logrado remisiones profundas y sostenidas, incluso sin necesidad de tratamiento inmunosupresor posterior durante el seguimiento inicial”, ha señalado la especialista, matizando que “es lo que realmente está generando expectación”.
Muchas enfermedades autoinmunes están impulsadas por células B patogénicas autorreactivas. Estas células no solo producen autoanticuerpos, sino que también participan en la activación de otras células inmunitarias y en la perpetuación de la inflamación. “La diferencia respecto a los biológicos convencionales es la profundidad de la depleción (disminución) y su posible impacto en compartimentos tisulares. La hipótesis es que podemos inducir un verdadero ‘reset inmunológico’”, ha detallado la Dra. Cortés.
Este es un campo de investigación en evolución constante y de forma muy rápida. Paralelamente se desarrollan nuevas generaciones de CAR-T con doble diana (CD19 y BCMA) para intentar actuar también sobre células plasmáticas de larga vida, así como plataformas alogénicas off-the-shelf y aproximaciones como CAR-T in vivo o células reguladoras modificadas.
Situación actual: prometedora, pero aún en investigación
A pesar del entusiasmo, la terapia CAR-T en lupus no es todavía práctica clínica habitual. “Estamos en una fase de investigación. Necesitamos ensayos controlados con mayor número de pacientes y seguimiento prolongado para confirmar la duración de la remisión y el perfil de seguridad”, ha advertido la especialista.
Entre los aspectos a consolidar figuran el manejo de efectos adversos como el síndrome de liberación de citoquinas, la neurotoxicidad, las infecciones o la hipogammaglobulinemia, así como los retos logísticos y de acceso, dado que se trata de una terapia compleja que requiere centros altamente especializados.
“Si los resultados se confirman en estudios más amplios, podríamos estar ante uno de los avances más relevantes en autoinmunidad de las últimas décadas”, ha concluido.

