Expertos analizan los avances en terapias regenerativas y medicina de precisión durante el 52º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología, que se celebra en Bilbao.
La medicina regenerativa se consolida como una línea terapéutica complementaria de creciente interés en el ámbito de la Reumatología, especialmente en patologías como la artrosis y determinadas lesiones tendinosas. En la práctica clínica, estas terapias se orientan principalmente a mejorar el dolor y la funcionalidad, así como a modular procesos biológicos implicados en la reparación tisular en pacientes cuidadosamente seleccionados. “Aunque los tratamientos actuales ofrecen beneficios clínicos relevantes en muchos pacientes seleccionados, la recuperación completa del tejido y de la función continúa siendo un desafío. No se busca sustituir a los tratamientos convencionales, sino complementarlos para mejorar la función articular y la calidad de vida de los pacientes”, explica la Dra. Cristina Martínez Dubois, reumatóloga del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla (Santander).
En el marco del 52º Congreso Nacional de la Sociedad Española de Reumatología, que se celebra en Bilbao, la especialista ha repasado el respaldo científico de estas terapias, que varía en función de cada una. En este sentido, el plasma rico en plaquetas (PRP) destaca como una de las opciones con mayor experiencia clínica, con estudios que sugieren beneficios sintomáticos en artrosis de rodilla y algunas tendinopatías. “Una de las claves es interpretar adecuadamente la evidencia disponible. En el caso del PRP, contamos con estudios prometedores, pero todavía necesitamos mayor homogeneidad en los protocolos y en los perfiles de pacientes”, indica la Dra. Martínez Dubois.
Otras estrategias, como los productos celulares o derivados tisulares, presentan una evidencia más limitada y heterogénea. Entre las principales barreras para su implementación generalizada se encuentran “la falta de estandarización de los tratamientos, la necesidad de ensayos clínicos más robustos, la definición de criterios claros de selección de pacientes, así como aspectos regulatorios y de coste-efectividad”.
Células mesenquimales: avances prometedores
Por otra parte, también se ha puesto el foco en las terapias con células estromales mesenquimales (MSC), que han experimentado avances significativos en la comprensión de sus mecanismos de acción. Actualmente, se considera que sus beneficios potenciales se deben principalmente a efectos inmunomoduladores, antiinflamatorios y de señalización celular, más que a una regeneración directa de tejidos. “Hoy sabemos que su principal valor no reside tanto en regenerar tejido de forma directa, sino en modular la respuesta inflamatoria y favorecer entornos biológicos más propicios para la reparación”, apunta la Dra. Martínez Dubois.
Existen estudios preliminares que apuntan a posibles beneficios en artrosis y se están investigando en algunas enfermedades autoinmunes sistémicas, aunque todavía es necesario ampliar la evidencia para definir con precisión su papel clínico. En España, -añade- “su aplicación en Reumatología se limita principalmente a centros especializados y al ámbito de la investigación clínica”.
Retos en la reparación tisular
Entre los avances más destacados figuran las terapias biológicas locales, el uso de biomateriales y las estrategias dirigidas a favorecer la reparación tisular o ralentizar el deterioro estructural. Sin embargo, la regeneración del cartílago sigue siendo especialmente compleja debido a su limitada capacidad de reparación, su baja vascularización y el entorno inflamatorio y mecánico adverso.
“La regeneración del cartílago sigue siendo uno de los grandes desafíos. No solo se trata de reparar el tejido, sino de conseguir que esa reparación sea duradera y funcional a largo plazo”, sostiene la Dra. Martínez Dubois.
Medicina de precisión: hacia tratamientos más individualizados
En paralelo, durante el Congreso Nacional de la SER expertos han destacado que la medicina de precisión está adquiriendo un papel cada vez más relevante en las enfermedades reumáticas, especialmente en el ámbito diagnóstico, pronóstico y de estadiaje. Su objetivo es clasificar mejor a los pacientes para anticipar la evolución de la enfermedad y seleccionar el tratamiento más eficaz y seguro en cada caso.
En este sentido, el Dr. José Andrés Román Ivorra, jefe del Servicio de Reumatología del Hospital Universitari i Politècnic La Fe (Valencia), asegura que “actualmente, ya se dispone de biomarcadores diagnósticos y, en algunos casos, pronósticos o predictivos en patologías como la artritis reumatoide, el lupus, las miopatías inflamatorias, la esclerodemia, las espondiloartritis o las vasculitis sistémicas. Por ejemplo, los anticuerpos anticitrulinados permiten identificar formas de artritis reumatoide con peor pronóstico, mientras que determinados autoanticuerpos en miopatías inflamatorias pueden asociarse a neoplasias o enfermedad pulmonar intersticial”.
En los últimos años -añade el especialista- “se han producido avances significativos en este campo, incorporando biomarcadores de laboratorio, imagen y clínicos que, especialmente en combinación, permiten predecir actividad de la enfermedad y respuesta terapéutica. Asimismo, herramientas como el HLA-B27 en espondiloartritis axial, el factor reumatoide o índices como el inmuno-inflamatorio sistémico (SII) ya forman parte de la práctica clínica habitual, facilitando decisiones terapéuticas más informadas”.
No obstante, advierte el Dr. Román Ivorra, “persisten importantes limitaciones para la implementación generalizada de estas estrategias, como el elevado coste, la necesidad de tecnología especializada y la validación clínica de muchas de estas técnicas”.
Mirando al futuro: el papel de la ingeniería de tejidos y de los biomarcadores
En opinión de la Dra. Martínez Dubois, “las perspectivas futuras apuntan hacia terapias más personalizadas que integren Medicina regenerativa y de precisión, con biomarcadores combinados (tanto genéticos, ómicos, de imagen y clínicos); biomateriales e ingeniería de tejidos. Esta última podría desempeñar un papel clave en el desarrollo de nuevas estrategias para la reparación del cartílago y otras estructuras musculoesqueléticas”.
“El futuro pasa por combinar distintas tecnologías y avanzar hacia tratamientos personalizados, pero siempre apoyados en evidencia científica sólida”, concluyen los especialistas, al mismo tiempo que advierten que “su desarrollo debe avanzar con rigor, expectativas realistas y una adecuada selección de pacientes para determinar en qué contextos puede aportar un beneficio clínico significativo”.

