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Enfermedad de Lyme

Tabla de contenidos

Definición

La enfermedad de Lyme, también conocida como artritis de Lyme, es una afección multisistémica de carácter inflamatorio, causada por la espiroqueta Borrelia Burgdoferi, que se transmite por las garrapatas.

Patogenia

La Borrelia es un microorganismo parecido al treponema, con 6-8 filamentos periplásmicos. El hecho de que sea difícil desencadenar la enfermedad en animales de experimentación dificulta su estudio. Se han identificado tres cepas diferentes y se supone que esto sería la causa de las diferencias clínicas que presenta la enfermedad. Al parecer, el tipo 1 es más frecuente en Estados Unidos, y la 2-3 en Europa.

Con respecto al ácaro que actúa como vehículo, también hay diferencias territoriales, pues en Estados Unidos la espiroqueta parasita a la garrapata Ixodes dammini, mientras que en Europa es más frecuente en la garrapata Ixodes Ricinos.

Aunque son muchos los animales que pueden actuar como huéspedes de este parásito, son los roedores y pájaros los que más la extienden. También algunos mamíferos pueden ser huéspedes, como el ciervo, sobre todo en Estados Unidos.

En el hombre, tras la picadura de la garrapata, el germen se introduce en el organismo y se difunde por la sangre hasta diversos tejidos, entre ellos la sinovial, en donde se han podido aislar los gérmenes estimulando localmente la síntesis de prostaglandinas y de interleucinas inflamatorias, que al parecer son las responsables de proceso artrítico.

Por otro lado también aparecen inmunocomplejos circulantes, sobre todo en las primeras fases de la enfermedad de tipo Ig M, y en la fases tardías de tipo Ig G.


Cuadro Clínico

Habitualmente se manifiesta por fases evolutivas de duración variable (desde semanas a dos años) en los que aparecen los síntomas secuencialmente, auque no en todos los casos.

  • PRIMERA FASE: A la semana de la picadura del ácaro aparece una lesión dérmica papuloeritematosa de más de 5 cm de diámetro, que puede adoptar un aspecto anular, aunque en otras ocasiones evolucione a vesícula necrótica, apareciendo más lesiones que dan lugar al típico eritema migratorio, que puede recordar al eritema multiforme. Hay afectación del estado general. La duración de esta fase eritematosa es variable, pudiendo durar desde tres o cuatro semanas en América, hasta diez semanas en Europa.
  • SEGUNDA FASE: Suele aparecer semanas o meses después de la primoinfección, siendo las manifestaciones cardiacas y neurológicas la más características de esta etapa.
  • TERCERA FASE: Aparece como término medio a los 6 meses de la primoinfección, pero la aparición de artralgias y/o artritis puede ocurrir incluso a la semana o a los dos años. La artritis que aparece en más de la mitad de los casos de borreliosis afecta especialmente a las rodillas, cursando en brotes sinovíticos y pudiendo dar lugar a una sinovitis crónica, que en ocasiones dura hasta un año. Los derrames sinoviales pueden ser importantes cuando la artritis se da en grandes articulaciones y en la rodilla puede dar lugar a un quiste de Baker.

En raras ocasiones es más poliarticular, pudiendo hacer se simétrica y afectar incluso a la temporomandibular, por lo que recuerda a la artritis reumatoide.

Exploraciones Complementarias

La radiología y otras técnicas de imagen, sólo en contadas ocasiones y en pacientes con artritis de larga evolución, pueden mostrar erosiones y destrucción cartilaginosa, con pinzamiento articular, signos que por otro lado, son completamente inespecíficos.

En el estudio microscópico del líquido sinovial, se observa un líquido inflamatorio, habitualmente con menos de 100.000 leucocitos de predominio polimorfonucleares, con discreto aumento de proteínas y con una glucosa parecida a los niveles sanguíneos.

Raramente se ha podido encontrar el gérmen en el líquido sinovial o en el líquido cefalorraquídeo, aunque debe ser buscado.

Sin embargo la técnica de PCR es muy específica para la detección del ADN de B. Burdoferi en el líquido sinovial.

En el examen analítico general tan sólo se encuentra una VSG elevada, y en ocasiones hay también aumento de las transaminasas, sobre todo al inicio de la enfermedad.

La lesión histológica de la articulación es una sinovitis hipertrófica inespecífica, con infiltrado linfomonocitario, mastocitosis y vasos obliterados por depósitos de fibrina, sobre todo en la cápsula subsinovial y en la estroma, lo que la hace muy sugestiva, y la diferencia de la típica imagen de la artritis reumatoide, en los que los depósitos de fibrina son más superficiales.

Con la evolución pueden aparecer verdaderas erosiones articulares.

Diagnóstico

El diagnóstico de la efermedad de Lyme se sospecha en las áreas endémicas cuando se presenta una clínica compatible. Pero en nuestro medio, dada la rareza de la enfermedad y la variabilidad clínica se tiene en cuenta pocas veces.

Las técnicas serológicas que revelan la presencia de anticuerpos específicos son las que orientan en el diagnóstico, teniendo en cuanta que a veces es difícil su interpretación. Se corre el riesgo de sobrediagnóstico de esta enfermedad si nos basamos exclusivamente en la serología, pues existen falsos positivos en un 10% de la población sana y además pueden aparecer reacciones cruzadas que también darían falsos positivos.

El diagnóstico diferencial debe plantearse con las artritis reactivas, con el eritema marginado, con algunas artropatías víricas y sólo en contadas ocasiones con la artritis reumatoide. La evolución propia de la enfermedad de Lyme y sus características clínico-analíticas nos orientarán.

Tratamiento

Aunque la tendencia de la enfermedad es hacia la curación, sin duda el tratamiento antibiótico acorta su duración y evita las complicaciones.

Los antibióticos orales se pueden emplear satisfactoriamente en la artritis de Lyme si la evolución es buena.

La penicilina, cefuroxima, amoxicilina con probenecid, doxiciclina y la ceftriaxona intravenosa han sido utilizados con buenos resultados. En los casos rebeldes se pude repetir el ciclo de tratamiento de dos o cuatro semanas de duración.

Una vez curada la infección puede persistir una artritis postinfecciosa, que si evoluciona tórpidamente se puede tratar con corticoterapia intraarticular e incluso con la sinovectomía isotópica.

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