Para controlar el dolor se recomienda el uso de analgésicos. Si el dolor no responde puede recurrirse al tratamiento quirúrgico, especialmente para restaurar la función y la movilidad. [5, D]
Se debe pautar un tratamiento para controlar el dolor si éste persiste a pesar de las medidas previas adoptadas para el control de la enfermedad. Se empezará con analgésicos simples (e.g., paracetamol, AAS) apurando la dosis hasta 3-4 gr/día en el caso del paracetamol y hasta 4gr/día en el del AAS. Si el dolor persiste pueden utilizarse dipiridamol, AINEs o codeína.
Si el dolor es de tipo neuropático se pueden utilizar antidepresivos (amitriptilina u duloxetina) y algunos anticonvulsivantes (gabapentina, pregabalina o carbamacepina).
Cuando el dolor está muy localizado se puede recurrir a analgésicos locales como la crema de capsaicina. Su dosis ideal sería de 0,75 mg de crema
Se recurrirá al tratamiento quirúrgico cuando el dolor no responda a los tratamientos farmacológicos y esté causado por la destrucción articular produciendo una alteración de la capacidad funcional del paciente (Dunbar, 1998).
Cuando existe dolor muy importante, no hay respuesta a los tratamientos analgésicos previos, y no existe opción quirúrgica, pueden administrarse analgésicos opiáceos (Schur, 1999; Hazes, 1994).
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