La CFA es un fármaco útil en el tratamiento de las complicaciones graves de la AR. Se recomienda su uso mediante pulsos intravenosos, por ser tan eficaces como la administración oral y presentar menores efectos secundarios.
En la mujer la toxicidad gonadal por CFA se produce a nivel de los folículos primordiales y antrales, ocasionando oligo y amenorrea (Warne, 1973); en el varón afecta a la capa germinal epitelial de los tubos seminíferos condicionando oligoazoospermia y disminución del tamaño o atrofia testicular (Watson, 1985).
Recientemente se ha revisado la epidemiología del fracaso ovárico producido por CFA y las posibles estrategias para la preservación de la función de este órgano (Slater, 1999). El riesgo de amenorrea varía entre 11-59% (Mok, 1998; Wang, 1995), aunque puede ser menor con la administración en pulsos intravenosos, pero la diferencia no es substancial (Austin, 1986). El riesgo aumenta con la edad de la paciente y la dosis acumulada (Boumpas, 1993; Gourley, 1996; Mok, 1998; Huong, 2002).
En los varones el riesgo de azoospermia varía entre 50-90%, en pacientes con quimioterapia (Masala, 1997). Existe menos información en enfermedades autoinmunes, pero también ocurre con frecuencia (Fukutani, 1981). La dosis que puede causar toxicidad gonadal en varones puede ser muy pequeña (Rivkees, 1988).
La recuperación de la función ovárica o de la espermatogénesis son imprevisibles, pudiendo producirse esterilidad irreversible (Fairley, 1972). Por tanto, antes de iniciar el tratamiento con CFA se recomienda congelar óvulos o esperma.
El riesgo de infertilidad puede ser disminuirse en las mujeres mediante tratamiento con inhibidores de gonadotropinas (Blumenfeld, 2000; Somers, 2005; Manger, 2006). Un estudio sugiere que los anticonceptivos con dosis altas de estrógenos protegen de la toxicidad gonadal (Chapman, 1981), mientras que las dosis bajas utilizadas en otro estudio no muestran este efecto protector (McDermott, 1996). En los varones, la utilización de testosterona también disminuye la toxicidad gonadal (Masala, 1997).
La toxicidad urológica de la CFA consiste básicamente en el desarrollo de cistitis hemorrágica y carcinoma de vejiga (Talar-Williams, 1996; Knight, 2004).
La cistitis hemorrágica se presenta en el 15-30% de los pacientes tratados con CFA por vía oral. La administración de pulsos intravenosos no suele asociarse a toxicidad vesical (Austin, 1986; Boumpas, 1993).
Existe un elevado riesgo de desarrollo de neoplasia vesical maligna con dosis totales superiores a 80 gr. Los tumores pueden aparecer precozmente o varios años después del inicio del tratamiento. El riesgo permanece incluso años después de su supresión (Radis, 1995; Hoffman, 1992). El desarrollo de carcinoma de vejiga no parece estar relacionado con la presentación previa de cistitis hemorrágica (Knight, 2004; Talar-Williams, 1996).
Para disminuir la toxicidad vesical se recomienda hidratación abundante por vía oral (2-3 litros en 24 horas) o intravenosa y micción frecuente. La utilización del 2-mercaptoetanol-sulfonato de sodio (mesna), conjuntamente con la CFA, también disminuye la toxicidad vesical (Reinhold-Keller, 2000; Hellmich, 2004).
La CFA debe ser suspendida si el paciente presenta manifestaciones que sugieran reducción del volumen vesical (e.g., polaquiuria), procediéndose a realizar cistometría. Ante la aparición de hematuria que haga sospechar la presencia de una incipiente cistitis hemorrágica u otra complicación urológica, se suspenderá el tratamiento, indicándose la realización de cistoscopia y citología urinaria (Talar-Williams,1996).
La CFA produce mielosupresión reversible. El grado de leucopenia y neutropenia es dosis-dependiente. La supresión es máxima a los 8-12 días después de la administración intravenosa (Ortmann, 2000). Debe evitarse que el recuento leucocitario descienda de 3000/mm3 y que los neutrófilos sean inferiores a 1000/mm3 ajustando la dosis hasta recuperar los niveles deseados.
Debe evitarse el tratamiento concomitante con alopurinol ya que incrementa el riesgo de leucopenia (Clements, 1986).
La anemia y trombopenia son menos frecuentes y la aplasia, si se produce, tiene carácter transitorio.
El uso de CFA se asocia a mayor riesgo de linfomas y, probablemente leucemias, cáncer cutáneo y de vejiga (Radis, 1995; Vasquez, 1992). Los factores que parecen condicionar el desarrollo de carcinomas son la dosis total de CFF y la duración del tratamiento (Radis, 1995; Reinhold-Keller, 2000).
Las infecciones respiratorias de vías altas e infecciones por bacterias, hongos y virus especialmente por herpes zoster, son frecuentes con el uso de la CFA. Se consideran factores de riesgo la afectación multiorgánica, el tratamiento concomitante con altas dosis de esteroides y los recuentos leucocitarios inferiores a 3.000 células/mm3 (Pryor, 1996). Se recomienda profilaxis para el pneumocystis jiroveci en pacientes en tratamiento con CFA y altas dosis de esteroides (Sowden, 2004).
Otros efectos adversos observados son toxicidad gastrointestinal (náuseas y vómitos, fundamentalmente) (Singh, 1991), alopecia, cambios ungueales, reacciones de hipersensibilidad. Con dosis muy altas puede ocurrir toxicidad pulmonar, cardiaca ó hepática (Ortmann, 2000; Fraiser, 1991), y secreción inadecuada de la hormona antidiurética (Salido, 2003).
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