Cuando un paciente con un problema de salud acude al sistema sanitario, se ponen en marcha una serie de actuaciones dirigidas a mejorar o solucionar su problema.
La forma en que el paciente recibe la atención sanitaria depende, en gran medida, de las características estructurales del conjunto del sistema entre las que se incluyen diferentes aspectos. El sistema sanitario que recibe al paciente tiene una determinada estructura, que depende de: a) las características de la población de donde salen los pacientes (edad, nivel socioeconómico, prevalencia de AR, incidencia de AR,...); b) características estructurales de Atención Primaria (centros de salud, ratio paciente/médico, cualificación profesional, ratio paciente/enfermeras,...); y c) características estructurales del Servicio de Reumatología (existencia de unidad de AR, ratio paciente/médico, actividad docente,...).
El conjunto de actuaciones dirigidas a la mejora o solución del problema de salud (en este caso la AR) constituyen el llamado “proceso asistencial”, como por ejemplo derivación desde Atención Primaria a Especializada, visitas realizadas por el paciente, historia clínica o calidad y número de los tratamientos aplicados.
Como consecuencia de este proceso se produce un resultado, que se puede medir según su repercusión sobre el estado de salud del paciente (mejoría, sin cambios, empeoramiento o incluso muerte).
Los sistemas de gestión actuales se centran sobre todo en indicadores o mediciones de proceso (número de consultas, índice sucesivas primera, número de dispensaciones de un determinado fármaco, etcétera) que resultan confusos para el clínico, inciden exclusivamente en aspectos económicos y, en definitiva, no son capaces de captar el resultado final conseguido que constituye el objetivo primario. Como consecuencia de ello, resulta imposible realizar inferencias sobre si una u otra estrategia o modificación de los aspectos organizativos o las intervenciones en relación con los pacientes es eficiente o no.
En este capítulo se proponen una serie de indicadores para el manejo de la AR que sirvan para analizar y comparar diferentes Unidades o Servicios en términos de calidad, así como, para evaluar estrategias o programas que se pongan en marcha para mejorar la detección, derivación, rapidez diagnóstica y de tratamiento de pacientes con AR. Estos indicadores se basan en tiempos transcurridos entre etapas del proceso asistencial y en indicadores de calidad construidos según las proporciones de pacientes con manejo adecuado de la AR.
Actualmente son muchos los Servicios de Reumatología que utilizan aplicaciones informáticas para almacenar información referida a todo o parte del proceso asistencial. La informatización, entre otras, tiene como ventaja que permite tener la información estructurada, formular consultas, hacer procesamiento estadístico, o utilizar programas de ayuda a la toma de decisiones clínicas y para el control de calidad. Los indicadores que se proponen en esta guía se pueden calcular, en los casos en los que la historia clínica esté informatizada, añadiendo a la aplicación informática unos campos que los calculen automáticamente, facilitando así un proceso de evaluación periódica y sistemática de la calidad del manejo de la AR. En los casos en los que no esté informatizada, habrá que recurrir a la revisión manual de las historias clínicas.
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