Las enfermedades musculoesqueléticas (EMEs) por su elevada incidencia y prevalencia, tendencia a la cronicidad y deterioro funcional, constituyen en el ámbito laboral la primera causa de Incapacidad temporal (IT) y la segunda de incapacidad a largo plazo (I Permanente) sólo superada en el mundo occidental, según la OMS, por las enfermedades mentales. No es difícil adivinar la carga personal y socioeconómica que este problema de salud supone a la comunidad. Pero ¿somos conscientes como profesionales o lo son nuestros responsables de política sanitaria de que debería ser abordado como un indicador de salud relevante?
Hace pocos días tuve el privilegio de asistir como miembro del tribunal a la defensa de una Tesis Doctoral en la que la Dra Lydia Abásolo, del Hospital Clínico de San Carlos de Madrid, expuso con brillantez su trabajo de investigación sobre el abordaje clínico de la discapacidad laboral de origen musculoesquelético (ME). El planteamiento, sumamente original, parte del diseño e implantación de un programa de intervención para IT-ME, específico para diferentes EMEs, llevado a cabo por reumatólogos, de forma randomizada, en diferentes Áreas sanitarias de Madrid. Las conclusiones demuestran que, frente al manejo habitual, un programa de intervención, fácilmente reproducible, que integra precozmente en el proceso de discapacidad el manejo clínico experto, la educación para el autocuidado y aspectos administrativos, es capaz de acelerar la reincorporación laboral en las IT-ME y reducir la progresión a IP, con la consiguiente disminución del impacto personal, empresarial y social. El beneficio neto del programa en dos años supuso un ahorro económico de 5 millones de euros.
La difusión de este trabajo de investigación, diseñado y dirigido desde hace años por el Dr. Juan Ángel Jover, con una estrategia de salud que impacta sobre la incapacidad laboral de origen ME, y la desvela como auténtico indicador de salud, no puede quedar restringida a la comunidad científica. Y debería ser visibilizada a todos los niveles por la extraordinaria oportunidad de sus conclusiones:
- Cuando el debate sobre las oportunidades de mejora y los ajustes necesarios para la sostenibilidad del SNS está más vivo que nunca
- Cuando la coyuntura económica y social nos recuerdan la importancia de salvaguardar las políticas de protección social para atender las necesidades de los ciudadanos más desfavorecidos, en este caso abordando la discapacidad y la dependencia.
- Cuando las conclusiones inciden sobre un problema de salud con una gran carga personal, social y económica que no ha sido priorizado hasta ahora en los planes de salud.
- Porque incide en un concepto que impregna o debería impregnar la actividad de los reumatólogos en todos los ámbitos: la detección e intervención precoz en los problemas ME que reducen la capacidad y calidad de vida de nuestros pacientes
- Porque el abordaje precoz e integral debería incluirse en la formación de todos los agentes implicados para variar la provisión de cuidados de los pacientes con enfermedades ME
Finalmente, porque el reconocimiento de la incapacidad laboral de origen ME como auténtico indicador de salud, contribuiría a argumentar ante las autoridades sanitarias nuestra legítima aspiración de una estrategia nacional de salud para las enfermedades reumáticas.
Hay que ponerse en marcha.